Se podía palpar su presencia cuando aún no había llegado. Cuando llego mi mundo volvió a brillar, su saludo era especial. Sus ojos, sus labios, sus mejillas, su pelo, su colonia su cuerpo. Solo eramos él y yo.
Cuando él llega su optimismo, su sonrisa, su risas su todo inundaban el lugar.
Nuestras primeras carcajadas nuestras primeras conversaciones. Eran y son únicas especiales.
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